© 2017 by Ivonne Garrido, Personal Coach, ACC.

La Optimista

November 1, 2018

Le paso a la amiga de una amiga.

 

María Teresa era un artista muy conocida en su ciudad no solo por su fama profesional, sino  por su buen carácter y optimismo.

Su amiga Martina, estaba asombrada como María Teresa simplificaba todo en su vida, eso de ver el vaso media lleno constantemente le parecía sospechoso, por lo que un día decide preguntarle como lo hacia:

 

Martina: yo no entiendo María Teresa ¿cómo es que siempre andas de buena cara y buen humor?

María Teresa: Si tienes tiempo nos tomamos un café y te cuento.

Martina: ¿y para que tomarnos un café? ¡Explícamelo y ya!

María Teresa: ¡Vamos! que con un café lo entenderás mejor.

 

Martina no muy convencida accede a tomarse el café y María Teresa le dice que no se preocupe que solo tomará un momento.

 

María Teresa: Lo que pasa Martina es que yo cada mañana al despertar tomo una decisión. Me pregunto si quiero pasar un buen día o un mal día, entonces la decisión es bastante fácil ¡decido pasar un buen día!

 

Entonces Martina la queda mirando con cara de asombro sin decir una palabra.

 

María Teresa: ¿y que te parece lo que hago?

Martina: ¿y eso es todo?

María Teresa: ¡Eso es!

Martina: ¡No lo puedo creer! Ósea ¿a ti no te afecta lo que pasa durante tu día?

María Teresa: Claro que me afecta, pero siento que si cada mañana decido tener un buen día, entonces también puedo escoger como me afectan los eventos que me pasan en el día. Si me caigo, me paro y ¡ya! No dejaré que eso me arruine el día.

Martina: ¿y si te pasa algo grave?

María Teresa: creo que también puedo escoger y sobre todo aprender.

 

Durante el café, Martina continuo argumentando con historias trágicas de desenlaces adversos.  María Teresa le mostró en cada caso que había una posibilidad positiva. A pesar de la conversación, Martina no quedo muy convencida y siguió pensando que solo con la actitud no se arreglan las cosas.

 

Al cabo de un tiempo, Martina se enteró por una amiga en común que María Teresa había sufrido un robo. Un hombre había entrado en su casa golpeándola y robándole.  La dejó gravemente herida. Fue a visitarla al hospital pero no pudo verla ya que la estaban operando. Martina comento: “pobre María Teresa, ahora si que su optimismo no le sirve para nada.”

 

Después de un tiempo, María Teresa se recuperó del robo y sobretodo de la operación.  Se reunieron a tomar un café y a comentar sobre el incidente:

 

Martina: ¡que feliz me hace verte recuperada! ¡ha sido horrible todo lo que paso!

María Teresa: La verdad es que todo este evento ha tenido sus momentos, y debo decirte que me siento tremendamente afortunada. He de confesarte que pensé que me moría. Cuando estaba tirada en el suelo toda golpeada de repente se me ocurrió pensar en que podía hacer, y entonces me di cuenta que tenía el celular cerca he hice el esfuerzo de alcanzarlo. Cuando lo tuve en la mano pude pedir ayuda y pronto llego la policía y los paramédicos a ayudarme. Todos los que estaban ahí me alentaron y me decían que todo estaría bien, que solo tenía que ser fuerte ¡y así lo hice!  El medico que operó en mi, me miraba con cara de desgracia y lo quede mirando diciéndole que me ayudara a salir bailando del hospital, y él se sonrió. Me preguntó información que pude contestar por lo que sentí que estaba en un buen lugar. Lo que paso fue muy difícil y a pesar de eso me siento muy afortunada de tener tanta gente a mi lado apoyándome.

Siento que este accidente me hace creer aún más en mi optimismo.

 

El optimismo se niega a creer que el camino termina sin opciones.

Robert H. Schuller

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