Yoga at Home

El Caracol al Final Muere / The Snail at the End Dies

Conectando nuestras historias a nuestra identtidad / Connecting our stories to our ident

 

Cuando era pequeña, muy pequeña, me encantaba estar descalza y despeinada, sin embargo, eso no era posible en la casa de mis padres. A los tres años era obligatorio estar limpio, peinado y calzado en todo momento; las excepciones eran ir a la playa o a la cama.


Esta historia me pertenece y la hermosa gräfica es fue creada por South Radish Desing

Un día, toda la familia se preparaba para ir a una fiesta, por lo que mis hermanas y yo estábamos vestidas con hermosos trajes, nuestro cabello recogido en una cola de caballo y con nuestros impecables zapatos dominicales calzados ¡nos veíamos preciosas! Al mismo tiempo, mi madre nos advirtió que nos quedáramos dentro de la casa hasta que llegara la hora de irnos.

Mis hermanas leían libros y se distraían por sus propios medios, así que para mí fue el momento perfecto para ignorar la advertencia de mi madre.

Salí a la puerta principal para alejarme de la casa y así comenzar mi aventura. Me quité los zapatos, solté mi cabello y me recogí mi vestido para ponerme de rodillas. Todavía recuerdo el contacto del cemento: se sentía irregular, caliente y áspero, ¡se sentia tan bien!

De repente, miré mi rodilla izquierda y vi un caracol; avanzaba lentamente y decidí seguirlo. A su ritmo y sin interrumpir su trayectoria, seguí el rastro brillante y transparente que dejaba a su paso.

Toqué el caracol con mucho cuidado, pero inmediatamente reaccionó escondiéndose en su caparazón. Me asuste; aún así, quería seguir adelante.

Empecé a cantar para motivar al caracol a salir de su caparazón:

... caracol, caracol, saca tus cachitos al sol ...

... caracol, caracol, saca tus cachitos al sol ...

... caracol, caracol, saca tus cachitos al sol ...

Pensé que cuanto más fuerte cantará, más posibilidades tenía de ser escuchada por el caracol. Poco a poco él salió de su caparazón.

Mi gran fuente de alegría en ese momento fue creer firmemente que mi canción tenía el poder de ayudar al caracol a salir de su caparazón.

De repente, escuché a mi mamá llamarme. Me detuve, miré y me di cuenta de que no tenía los zapatos puestos, mi cabello estaba por todos lados y mis rodillas estaban sucias. Rápidamente, traté de arreglar mi apariencia para que mi mamá no se diera cuenta del desorden, sin embargo, en un movimiento brusco giré y aplasté al caracol contra el cemento.

Con la intención de encubrir la evidencia, tomé el cadaver y lo arrojé hacia las plantas, no podía hacer esto sin ensuciarme las manos, entonces las limpié en mi hermoso vestido.

Ahí estaba yo, sin zapatos, sin peinado, rodillas embarradas, un vestido sucio y un caracol muerto como parte de mi récord.

Mi madre me agarró del brazo, me llevó dentro de la casa, me cambió de vestido, me calzó los zapatos, me lavó las rodillas y me ató el pelo, y así en unos minutos estuve lista para partir.

Para mi mamá fue solo arreglar mi ropa y el cabello, para mí fue toda una experiencia.

Lo Que Veo Hoy

Este recuerdo me conecta profundamente con lo que es importante para mí y, al mismo tiempo, con lo que experimenté en el cuerpo en ese momento: los olores, las sensaciones, las visuales, las emociones, la temperatura, etc. Si cierro los ojos vuelvo a ese lugar, y me gusta. También relaciono este recuerdo con mi necesidad de romper las reglas para poder tomar mis propias decisiones, y mi disposición a pagar el precio para tener una aventura.

Maté al caracol, osea mi aventura tiene un precio, y quiero ser cuidadosa y consciente del precio que otros están pagando cuando yo estoy en mi aventura.


Romper las reglas, tener aventuras, sentirme libre, dejarme llevar, y otras cosas mas son aun parte de quien soy, de como veo el mundo y de los riesgos que estoy dispuesta a correr para estar donde estoy.


Mis historias me recuerdan lo que es importante para mi y de mi propio valor.

This is my story and the beautiful graphics were created by South Radish Desing


As a little girl, I loved to be barefooted and disheveled, however that wasn’t possible at my parents' house. At three years old, it was mandatory to be clean, combed and with shoes on at all times, the exceptions were going to the beach or to bed. One day, the entire family was going to a party, therefore my sisters and I were clothed with beautiful dresses, our hair up in a ponytail and with our spotless Sunday shoes on. As it usual in these occasions, we were looking beautiful and warned to stay that way; we had to be inside the house because soon it would be time to go. My sisters were reading books and distracted on their own doing, so for me it was the perfect time to ignore my mom’s warning. I went out to the front patio and ready to get away from the house. First things first, I took off my shoes, let my hair lose and pull up my dress so I could get on my knees. I still remember the contact of the concrete on my knee: it felt uneven, hot and rough, it was good, it was so good! All of the sudden, I looked to the side of my left knee and I saw a snail; I watched and decided to get on my knees to follow it. At its own pace and without interrupting its trajectory, I trailed the bright and transparent track it was leaving behind. I touched the snail very carefully, but immediately reacted by hiding in its shell. I got scared; still I wanted it to keep on going. I started singing a song that was going to bring the snail out of its shell: … snail, snail, come out to the sun … … snail, snail, come out to the sun … … snail, snail, come out to the sun … I thought the louder I got the better my chances were to be heard by the snail. The snail little by little came out. My great source of joy for that moment was that I strongly believed that my song had the power to help the snail to come out. Suddenly, I overheard my mom calling me. I stopped, looked and I realized I didn't have my shoes on and my hair was all over the place. Quickly, I tried to fix my looks so my mom wouldn’t notice the mess, however carelessly; I turned and squashed the snail on the cement. With the intention of covering up the evidence, I took the snail and threw it towards the plants, I could not do this without getting my hands dirty, so I wiped them on my beautiful dress. There I was, no shoes, no hairdo, with a dirty dress and a dead snail as part of my record. My mother grabbed my arm and took me inside the house, changed my dress, put my shoes on and tidied my hair, so in a few minutes I was ready to go. To my mom was just to arrange my clothes and hair, for me it was an entire experience.

What I see today


The memories of this event connect my body so deeply that I still remember the smells, the sensations, the visuals, the emotions, the temperature, etc. If I close my eyes I go back to that place and I like it.


I also connect this memory with my need to break the rules in order to make my own decisions, and my disposition to pay a price to have an adventure.


I am also aware of the death of the snail, I killed it; this means that my choices have a price, and I have to be thoughtful and conscious of the price that others are paying along the way.


To break the rules, have aventures, feel free, letting myself go and others are still part of who I am , of how I see the world and the risks that I am willing to take to be in this place.


My stories are a reminder of what is impotant to me and what I value in myself.