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Yoga at Home

Mi Cuerpo Mi Identidad / My Body My Identity


Hace un tiempo hice un viaje que cambio la manera en que veo mi cuerpo y trajo interesantes pensamientos acerca de mi identidad. Este viaje me ayudo a observar otros cuerpos con cuidado y respeto liberándome de estereotipos y criticas absurdas del deber ser del cuerpo.

Para entender esta historia debo remontarme a mis 30 en los años 90 en el sur Chile. Un lugar frio y lluvioso en donde las parcas y los abrigos cubren todo el cuerpo dejando nada disponible a la imaginación. Por ese tiempo, mi cuerpo ya había vivido las invasiones de los embarazos y los kilos se escondían en las vestimentas sueltas de telas más bien tiesas que hacían que nada se mostrara fuera de lugar.


En ese momento, Chile estaba regido por una economía de libre mercado marcada por las influencias de Europa y Estados Unidos. La moda no era la excepción y las tiendas se llenaban de ropa hermosa dirigida a aquellos cuerpos del otro lado del mundo. Mientras tanto los chilenos y chilenas hacíamos lo que podíamos para lucir con gracia aquella imposición.


En fin, dietas y estiramientos jamás harían de una chilena típica una europea nativa, y eso de alguna manera dolía.


Por esos días, mi marido me invitó a visitar Cartagena de Indias en Colombia. Me pareció una excelente idea para escapar del frio sureño. Arme mi maleta con el traje de baño de hace 5 años atrás que estaba como nuevo por la falta de uso, un par de blusas delgadas y un short que mostraba todo lo que las parcas habían ocultado. Era una maleta pequeña y seguro que con eso tendría demás. No aspiraba a lucir nada solo disfrutar del calor.


Al llegar al hotel, me apure en cambiarme para salir a disfrutar todos esos colores que se veían desde la distancia.


Allí encontré música alegre, colores, calor, movimiento, gente y muchas mujeres de pieles oscuras, rellenos de curvas que se movían al ritmo que hervía por cada rincón de la ciudad.

Cartagena de Indias, Colombia, tierra caliente, húmeda, llena de historias de dolor, esperanza, esclavitud, trabajo duro, servidumbre, éxitos y fracasos, como muchas de las tierras en el mundo, pero a mi juicio esta tierra tiene algo que no es fácil de ver en otros lugares, esta es una tierra de mujeres hermosas que caminan orgullosas llevando sus cuerpos voluptuosos, armoniosos, adornados, redondos, calientes, sinuosos e insinuantes por las calles de la ciudad.


Estos cuerpos rítmicos de un caminar seguro que hacen sentir que cada pisada deja huella, como dice algún cantante por ahí. Esta tierra tiene cuento ¡mucho cuento! Cuentos que se reflejan en las calles, en su gente, en sus mujeres ... ¡esta tierra tiene belleza!


Fue en este lugar en donde aprendí que ser bella no tiene relación con lo que vemos, sino con lo que somos y como vivimos lo que somos. Caminar así, como las mujeres caminan acá, es para mi sentirse bella, redonda, voluptuosa, grande, magna, exquisita, inspiradora, diosa, musa, madre, hija, abuela, maga, hechicera, seductora, poderosa y tantas otras cosas que viven en cada una de nosotras.

Esta fue una conclusión impulsada por el calor, los colores y la música de aquel lugar; en cuanto llegué a casa, la parca se encargó de almacenar este sentir por algún tiempo.

Han pasado más de 30 años desde aquel viaje, y este sentir se va haciendo eco con mi entorno en donde veo con mucha alegría la diversidad que se aparece por todas partes. Cuerpos de formas variadas, colores diversos en los vestidos, algunos con originalidad y otros con creatividad compleja buscando identidad y autenticidad.


Me ha tomado mucho tiempo hacer que este sentir se posicione en mi cuerpo con comodidad. Para mi ha sido un transito entender que mi cuerpo traduce quien soy y sentirme a gusto con esto. Mi identidad es revelada cada vez que este cuerpo actúa con o sin colores, con o sin ritmo, con o sin curvas … ha sido una vida para mi cuerpo y para mi.


¿Porqué escribo esto?


Porque me apetece, porque me parece que necesito recordarme que quiero sentirme así más seguido, porque quiero inspirar a otras mujeres se levanten con esta mirada de si mismas cada mañana, porque quiero que los hombres que las rodean les regalen estos espacios de libertad que les darán más seguridad, porque sus hijos e hijas merecen ver mujeres felices por el mundo, porque sus empleadores y clientes serán receptores de estos beneficios, porque el mundo se merece que las mujeres caminen seguras y satisfechas de lo que son y lo que hacen.


Porque caminar con paso firme y gozoso nos hace más felices a todos.




Some time ago I took a trip that changed the way I see my body and brought some interesting thoughts about my identity. This trip also helped me to observe other bodies with care and respect setting me out from stereotypes and absurd criticisms of the body's duty.


To understand this story I have to go back to my 30s during the 90s in southern Chile. A cold and rainy place where parkas and coats covered the whole body, leaving nothing opened to the imagination. By that time, my body had already lived through the invasions of pregnancies and the kilos were hidden in the loose clothing of rather stiff fabrics that made nothing look out of place.


At that time, Chile was governed by a free market economy marked by the influence of Europe and the United States. Fashion was no exception and the stores were filled with beautiful clothes aimed to those bodies on the other side of the world. Meanwhile, Chileans did what we could to show off that imposition gracefully.


Anyway, diets and stretching would never make a typical Chilean as native European, and that somehow hurt.


Around those days, my husband invited me to visit Cartagena de Indias in Colombia. I thought it was an excellent idea to escape the southern cold. I packed my suitcase with the bathing suit from 5 years ago that was like new due to lack of use, a pair of thin blouses and a short that showed everything that the parkas had hidden. It was a small suitcase and I didn't aspire to wear anything, just enjoy the heat.

There I found joyful music, colors, heat, movement, noise, people, and many women with dark skin, full of curves moving to the rhythm that boiled through every corner of the city.


Cartagena de Indias, Colombia hot and humid land, full of stories of pain, hope, slavery, hard work, successes and failures, like many of the lands in the world, but in my opinion this land has something that is not easy to see in other places, this land has beautiful women who walk proudly carrying their voluptuous, harmonious, decorative, round, hot, sinuous and insinuating bodies through the streets of the city.


These rhythmic self-confident bodies walk making each footstep leaving a mark; this land has history with a lot of stories, stories that are reflected in the streets, in its people, in its women... this land has beauty!


It was in this place where I learned that being beautiful has nothing to do with what we see, but with what we are and how we live what we are. Walking like this, as women walk here, is for me to feel beautiful, round, voluptuous, big, exquisite, inspiring, goddess, muse, mother, daughter, grandmother, magician, enchanted, seductive, powerful and so many other things that live in each one of us.

This was a conclusion driven by the heat, the colors and the music of that place; As soon as I got home; the parka took charge of storing this feeling for some time.


More than 30 years have passed since that trip, and this feeling is echoing with my environment where I see with great joy the diversity that appears everywhere. Bodies of various shapes, dressed in different colors, some with originality and others with complex creativity, seeking identity and authenticity.


It has taken me a long time to position this feeling in my body comfortably. For me it has been a transition to understand that my body translates who I am and to feel happy with this. My identity is revealed every time this body performs with or without colors, with or without rhythm, with or without curves… it has been a lifetime for my body and for me.


Why am I posting this?


Because I feel like it, because I think I need to remind myself that I want to feel like this more often, because I want to inspire other women to wake up with this look of themselves every morning, because I want the men around them to give them these spaces of freedom that will give them confidence, because their sons and daughters deserve to see happy women around the world, because their employers and clients will be recipients of these benefits, because the world deserves that women walk safe and satisfied with who they are and what they do.


Because walking with a self-confident and joyful step makes us all happier.

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