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Un Evento Curioso / A Curious Event


Algunos años atrás, mientras vivía en Asia, fui invitada a una parrilla/asado/barbacoa en la casa de unos amigos salvadoreños. Yo los conocía bien y teníamos buena onda entre todos. Supe que venían otros amigos desde Australia y me prepare para ello, ósea hablar ingles.


Mi sorpresa fue grande cuando veo que los que se bajan del vehículo eran todos salvadoreños, tres generaciones viviendo en Australia debido a la guerra civil que comenzó alrededor de 1980, y que en 1992 se dio por terminada gracias al acuerdo de paz firmado por las partes involucradas (de las cuales habían muchas: presentes y tácitas, legales e ilegales, honestas y corruptas, generosas y abusadoras). Pero en eso no entraré, ya que esta historia tiene que ver con El Salvador y Australia.


Se bajaron los invitados y comenzaron los abrazos, los besos, y las tomadas de manos eternas para dar la bienvenida a los invitados. También venían las bolsas cargadas con comida y bebidas típicas de El Salvador, la música alegre y contagiosa, aromas y texturas desconocidos para esos rincones del mundo.


Todo para mi era una sorpresa, había una cercanía tan grande que era como estar en familia con gente que no había visto nunca.


Los niños corrían por la casa hablando con acento del país de donde venían, El Salvador, ¿o no? verdad que era Australia, y nosotros en Asia, nada del lugar en donde estábamos era claro.


Al rato aparecieron las pupusas, los tamales, la yuca frita y el salpicón, también llegaron el chilate y el arroz con leche. El acento de los invitados se puso cada vez más salvadoreño y la neutralidad de la lengua castellana desapareció. Chunches, bolados, chivos y otras palabras requirieron de una explicación para mi integración


De pronto nos trasladamos a El Salvador, la conversación tenía como tema calles y edificios que quizás ya no existían, también frutas y verduras típicas que ellos habían logrado replicar en sus jardines en Australia.


Los niños pequeños jugaban con sus abuelos, y los adultos comenzaron a bailar los ritmos locales (de El Salvador), había un aire de fiesta que no se relacionaba con el entorno.


Mágicamente nos trasladamos todos a tierras lejanas, a otro momento de la historia y en compañía de una alegría contagiosa.


Era muy emocionante sentir el viaje en el que estábamos. Los niños y los abuelos se tocaban con cariño y cuidado, las parejas bailaban pegaditas y en armonía, cada uno de ellos hablaba palabras con sabor a El Salvador, y todo esos cuerpos se unían en una gran celebración que se conectaba con la herencia del ADN y los ritmos de mundos lejanos.



Lo Que Veo en Esta Historia


Recuerdo este evento como una gran lección de lo que significa la herencia, la historia, el amor y la familia.


Aún me conmueve ese ambiente festivo y cariñoso, esa capacidad de sostener la tierra en el cuerpo y dársela a los otros, a los que vienen, a aquellos que no tuvieron la oportunidad de ni siquiera visitar El Salvador.


La herencia cultural es mágica, es un tesoro y siento que es responsabilidad de cada uno de nosotros compartirla, cuidarla y regalarla a otros, a los que vienen.


No importa de donde somos, ni donde estamos, estar abierto a la diversidad es lo que nos ayuda a entender que somos diferentes, y eso es lo que nos hace ricos.

-------- o -------- o -------- o -------- o -------- o -------- o -------- o -------- o -------- o -------- o -------- o -------- Few years ago, while living in Asia, I was invited to a barbecue at the house of friends from El Salvador. I knew them well and we had a good vibe with each other, I also knew that friends from Australia were coming over, so I prepared myself for it, to speak in English with them.


I was surprised when I noticed that the people getting out of the vehicle were all Salvadorans. Three generations living in Australia due to the civil war that began around 1980, and which ended in 1992 thanks to the peace agreement signed by the parties involved (of which there were many: implicit and explicit, legal and illegal, honest and corrupt, generous and abusive). But I won't get into that, since this story has to do with El Salvador and Australia.


At the door hugs, kisses, and eternal hands holding started to flow. Also bags loaded with food and drinks typical of El Salvador came with them, all of these complemented with cheerful contagious music which added to the unknown aromas to those corners of the world.


It was a wonderful feeling to be in the company of people that I have never seen however they felt like family.


The children ran around the house speaking with the accent of the country they came from: El Salvador, or not? It was true, they came from Australia, and we were in Asia, nothing about the place we where was very clear.


After a while, pupusas, tamales, fried yucca and salpicón appeared, chilate and rice pudding also arrived. The accent of the guests became increasingly Salvadoran and the neutrality of the Spanish language disappeared. Chunches, bolados, chivos and other words required an explanation for my integration.


Suddenly, we moved to El Salvador, the conversation was about streets and buildings that perhaps no longer existed, also typical fruits and vegetables that they had managed to replicate in their gardens in Australia.


Small children played with their grandparents, and adults began to dance to local rhythms (from El Salvador), there was an air of party that was not related to the location.


Magically, we all moved to distant lands, to another moment in history and in the company of a contagious joy.


It was very exciting to feel the journey we were on. The children and the grandparents touched each other with love and care, the couples danced closely and in harmony, each one of them spoke words with a flavor of El Salvador, and all those bodies came together in a great celebration that was connected with the inheritance of the DNA and the rhythms of distant worlds.


What I see in this story


I remember this event as a great lesson in what heritage, history, love and family mean.


That festive and the affectionate atmosphere still moves me, that ability to hold the land in the body and give it to others, to those who come later, to those who did not have the opportunity to even visit El Salvador.


The cultural heritage is magical, it is a treasure and I feel that it is the responsibility of each one of us to share it, take care of it and give it to others, to those who come later.


It does not matter where we are from, or where we are, being open to diversity is what helps us to understand that we are different, and that is what makes us rich.